Login   Register   jueves, 09 de septiembre de 2010    Search  
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MAESTRO, ¡QUE VEA!

El ciego veía en su interior, sabía que el Señor era la luz. Quería ver la luz, quería ver.

Vivimos en un mundo que, mirando, no vemos. Sí, no vemos la realidad que nos rodea. Miramos, miramos, pero no vemos, porque no queremos ver.
Recuerdo el caso de los padres de un niño que no era estudioso. Lo sentaban a estudiar, y él tomaba el libro en sus manos. Pasaba las horas mirando las mismas páginas del libro que sostenía. La madre luego le preguntaba, y el niño no podía responderle, pues, aunque había mirado el libro, no lo había visto.
Asimismo, la humanidad mira las tristezas humanas, pero no las ve.
¿Cómo es posible? Las miserias son cada día mayores y más profundas, cuanto más son los adelantos. ¡Como si hubiera una conexión misteriosa entre el adelanto y la miseria! Llamamos benignamente pobres a los que en realidad son miserables, porque viven en la miseria infrahumana de la ignorancia, marginados de la educación, de la salud, de la vivienda.
Las miserias que no vemos nos van inundando: la miseria de los valores, el hedonismo, el pansexualismo, el no respeto de los valores, la decadencia de la vida matrimonial y familiar, la falta de respeto a los mayores, a los niños; la corrupción galopante que comienza en la niñez, en la juventud, con la compra y/o copia de exámenes; padres que tratan de sobornar a los maestros para que «pasen» a sus hijos, títulos profesionales que se compran...; corrupción en la vida pública y privada; falsedades, mentiras... Todas estas realidades que miramos, ¡pero no queremos ver!
También la realidad de muchos que se sienten, se creen intérpretes de Dios: “Jesús me dijo”, “Dios me habló”. Se creen salvos, se creen jueces de todos los otros, condenando desde su literalismo bíblico y acusando... extrapolando cosas.
¡Tantas actitudes del que no quiere ver!
Maestro, ¡que veamos! Que al mirar la realidad de este mundo, podamos ver, nos dejemos tocar, para así cambiar nuestra ignorancia, nuestra insensibilidad, nuestra rigidez.
Maestro, ¡que veamos! Lo opaco, lo grotesco de la injusticia, de la corrupción, de la mentira, de todo aquello que hiere y mata la dignidad humana.
Maestro, ¡que veamos! Lo absurdo de la droga, del aborto, del crimen, del pansexualismo.
Maestro, ¡que veamos! Para que así podamos cambiar, hacer, y darnos para que cese la obscuridad.
Maestro, ¡que veamos la luz que sólo Tú, y Tú sólo puedes dar!

Escrito Por: jorgeluis
Fecha Publicación: 23/10/2009
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