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VENDE LO QUE TIENES Y SÍGUEME
Déjalo todo. Jesús es tácito, diáfano en lo que significa seguirlo. Seguir a Jesús es dejar todo aquello que se anteponga o pueda ser obstáculo a esa opción fundamental de seguirlo. Seguir a Jesús es hacer del Evangelio vida y de la vida un evangelio. Nada ni nadie te ate. Mientras en ti haya alguien o algo que te ate, no hay un verdadero seguimiento a Jesús. Ese alguien o algo son las posesiones, el poder, el dinero, las cosas materiales que tendemos «necesitar»; pero los nudos más fuertes son los afectivos, los sentimentales y, sobre todo, ese alguien que es uno mismo... mis apegos, mis ideas, mis juicios, mis hábitos, mi mundo. Éste es el más sutil y, por ende, el más difícil de desarraigar.
El anteponer otro u otros a Jesús ciertamente no es seguir a Jesús. Uno se engaña fácilmente y cree seguir a Jesús y se profesa cristiano, pero está atrapado en las entretelas de sus afectos, que no son malos, pero que los utilizamos muchas veces para poseer o ser poseídos, y no para vivir en la libertad que Dios nos ha dado.
Seguir a Jesús es vaciarse de sí para llenarse de Él. Este proceso, este cambio, los griegos lo llamaron «metanoia», y nosotros los cristianos lo llamamos conversión: Convertirse de lo que soy en un Cristo vivo, aquí y ahora.
Este implica vivir sólo de y en su providencia; no preocuparse de nada y de nadie, porque Dios provee. Esta es la fe del que cree. Creer no es un ejercicio mental. El que cree vive aquello que cree. Jesús nos dice que reconocerán si somos sus discípulos no por lo que decimos, sino por el ejemplo de nuestras vidas, concretizado en nuestras obras.
Por eso, vende cuanto tienes y sígueme. Esa frase radical resume lo que es seguir: que todo lo que tengo, lo que soy, lo que puedo ser es de Dios, y a Dios tengo porque quiero dárselo. ¡Que sólo su amor y su gracia me basten!
La afirmación de Jesús es válida para todos nosotros. Si dices que me quieres, si soy tu Señor, si verdaderamente quieres que sea el centro de tu vida, vende todo cuanto tienes y sígueme. Vacíate de ti, de lo otro, de los otros y, en libertad, deja que yo, Jesús, tu Señor, entre en ti, te llene.
¡Déjate CRISTIFICAR por Jesús!
Escrito Por: jorgeluisFecha Publicación: 09/10/2009Visitas: 615 Return |
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