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EL QUE NO ESTÁ CONMIGO ESTÁ CONTRA MÍ

Cuando uno lee esta frase de Jesús, se impresiona; y, cuando uno la medita, descubre que es verdadera. Y no sólo que es verdadera, sino decisiva para los que nos llamamos cristianos.

Es muy fácil decir que somos cristianos y no serlo. «No todo el que dice “Señor, Señor”, entrará en el Reino los Cielos», reza una de las frases lapidarias de Jesús. Mientras no haya una relación directa entre fe y vida, no habrá verdadera vida cristiana. ¿Cuántos cristianos «separan» su fe de su vida? Este es un problema crónico de la Cristiandad. Mientras no se dé la simbiosis de fe y vida, no habrá testimonio cristiano, ni se cristianizará la cultura, ni, por ende, la sociedad. «El que no está conmigo está contra mí» no es una frase para una fe espiritualista e intimista, ni para una vida de fe «ad intra» (hacia adentro) de la Iglesia. El estar con Cristo presupone —está implícito— que todas las dimensiones del ser humano —del cristiano— muestren, demuestren y sean signos vivos, reales y concretos de que se ha asumido el Evangelio de Jesús en toda la existencia. Las mayores incongruencias e inconsistencias están en decir que soy y no serlo. Lo peor es que se dice, se cree serlo y con el mochuelo de que «somos humanos», hacemos el divorcio, el cual hace que la situación sea, si no cínica, al menos esquizoide. El cristianismo está vivo, presente, en la medida en que está culturizado. La culturización la hacen aquellos que son los que forman una sociedad. Culturización no es solo religiosidad popular. Un buen cristiano no es sólo aquel que goza de una práctica religiosa frecuente, que es asiduo a la iglesia, que lee y medita la Palabra de Dios, que participa en la iglesia. Todo esto es bueno e importante, pero no suficiente. Si no hay un significativo y continuado cambio de vida en la persona, todo lo demás no tiene sentido, es vaciedad. La frecuencia de los sacramentos, la interpelación de la Palabra de Dios necesariamente tienen que cuestionar y producir un cambio, una conversión que incide en los valores, en los principios, en el modo de actuar y proceder en todo y con todos. La vida es la expresión de lo que existencialmente creemos ¿Quién no está con Jesús? Quien no vive como ciudadano, profesional, de acuerdo con los valores y principios del Evangelio, que implica una ética y moral cristianas. Es más, los mayores enemigos del cristianismo son los que, diciendo ser cristianos, no lo son de hecho. En esto todos tenemos que hacer un profundo examen de nuestros valores, de nuestra ética, de nuestras vidas. Si no queremos estar en contra, entonces...

Escrito Por: jorgeluis
Fecha Publicación: 05/10/2009
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