|
|
|
LA DIMENSIÓN DE DIOS
La persona humana tiene una dimensión que llamamos interior, la dimensión espiritual. Dicha dimensión, no obstante ser la dimensión «sentido» del ser humano, es desconocida por muchos y mal interpretada por otros tantos. Esta dimensión «sentido» es la que provoca en el ser humano lo mejor, lo bueno, la búsqueda de la paz, la reconciliación y la esperanza. Esta dimensión es donde reside el yo íntimo del ser, donde la persona encuentra sentido a la vida. Es en esta dimensión donde el ser humano se percata de que la vida no es sólo nacer, crecer, morir. Es en esta dimensión donde el ser humano trasciende de sí, donde dialoga consigo mismo, con los otros y con Dios. La vivencia de ser persona (Yo soy) procede de este encuentro.
En el sacramento del matrimonio se experimenta, si se es consciente de ello, no la presencia del otro (cónyuge) en mí, sino la presencia de Dios en el otro, y más aun, la presencia de Dios en nosotros. Descubrir a Dios como elemento vital de la unión provoca la trascendencia a todos los niveles en la vida de la pareja.
Cuando una pareja se hace consciente de que su vida matrimonial es una comunidad, no solo una comunidad de bienes, de lecho, de cosas, sino que la naturaleza misma de su vida matrimonial es ser una comunidad de amor, y que ese «ser comunidad de amor» es ser una comunidad de Dios, comienza a percatarse que no son dos sino tres: Ellos dos y Dios. Comienza a descubrir que Dios es presencia, presencia en el otro. Comienza, entonces, a traspasar el umbral de la rutina y la cotidianidad, y a abrirse, al descubrir que la vida es regalo, don, y que ese ser humano al que yo llamo cónyuge ha sido el regalo más preciado de la creación de Dios para mí. En ese encuentro se fortalece el aprecio, el valorar al otro, el creer.
Uno descubre que la vida no es juego ni rutina, sino liturgia. Uno descubre que el matrimonio es sagrado porque es una comunidad de amor, es un ágape, una celebración; una celebración litúrgica y que el ofrecimiento del uno al otro adquiere la dimensión de pan y vino, convertido en la Eucaristía, que se da y se reparte para que haya vida, y vida en abundancia. Se da uno cuenta de que el matrimonio es sagrario y que la familia es iglesia.
Entonces, ya no será «Tú y yo», sino
Escrito Por: jorgeluisFecha Publicación: 05/10/2009Visitas: 640 Return |
|
 |
|
| |