No deja de ser un motivo de reflexión para los que nos llamamos cristianos que nos debe de llevar a preguntarnos: ¿cómo vivimos nosotros la experiencia de la Navidad de Jesús?
No es un recordatorio, no es una añoranza, no es un revivir; si es así, es un mito, una historia, un cuento. Jesús es el Salvador del mundo. Cada Navidad es un nuevo nacer, y en ese nacer está nuestra salvación.
Dejar nacer a Jesús en nosotros es Navidad. Cuando dejamos los rencores, los odios, los pesares, las quejas, las luchas egoístas, estamos permitiendo que Jesús nazca.
Cuando decidimos vivir una vida en diafanidad, en nitidez, en pureza, estamos permitiendo que Jesús nazca.
Cuando optamos no solo con la palabra de nuestra boca ni la idea de nuestra mente, sino de corazón, por luchar por la justicia, por la verdad, por la honestidad, estamos permitiendo que Jesús nazca.
Cuando nos decidimos por caminar, por peregrinar en esta vida, sin prejuicios, sin racismos ni clasismos, estamos permitiendo que Jesús nazca.
Cuando optamos por el prójimo, cuando nos ocuparnos de ser sensibles por los hambrientos y sedientos, por los desposeídos, por los tristes, por los que están solos, por los ancianos y los desvalidos, estamos permitiendo que Jesús nazca.
¿Quién no guarda estos deseos en su corazón? Yo creo que toda persona de bien desea esto, y es una lástima que todo esto se quede en deseos e ilusiones.
No hay que hacer grandes cosas. Solo hay que abrir el corazón y arrancar las telarañas, poniendo en las bisagras de nuestra existencia el aceite del amor.
Cuando uno quiere, ¡cuánto bien se hace! Pero cuando uno no quiere querer, qué poco quiere, pues el que quiere ya está queriendo.
La llegada de Jesús es siempre alegría y bondad. Ábrele tu corazón y toda tu vida, que no es un cuento de hadas. Es lo único que puede cambiar tu vida y la vida del mundo.
Pon tu «yo» en el «Tú» de Cristo, y deja que Cristo entre en ti y te cristifique.
¡Cuánto pido por que el mundo se dé cuenta y acepte que en Jesús y en Jesús sólo está la salvación, y que sólo Él es la Paz!
¡Deja que Jesús nazca en ti, en todos! Entonces sí la Navidad tendrá sentido, porque sentido tiene sólo Aquel que nos da la Paz y el Amor: Jesús.